Sembrando el Mensaje del Salvación para la Cosecha Final!

El porqué flaquea nuestra fe



La fe es esencial, pues es necesaria para ser salvos. Incluso después de haber aceptado a Cristo, los creyentes debemos vivir por fe. Puede que algunos tengan mucha fe, mientras que otros una fe pequeña. Pero también podemos llegar a poseer una fe que flaquea. La fe genuina es la confianza y la convicción de que Dios hará aquello que nos ha prometido. Sin embargo, si ponemos nuestra mirada en las circunstancias y no en el Señor, puede que nuestra fe comience a flaquear. Todos pasamos por situaciones como esas, pues Dios prueba nuestra fe para fortalecerla


La carta de Santiago contiene consejos prácticos para aquellos cuya fe flaquea en medio de las dificultades (1.1-8). Si dudamos, somos comparados con las olas del mar que se mueven de un lado a otro. Santiago nos enseña que el hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos y no debe esperar recibir nada del Señor. Se refiere a las personas que por momentos sienten gran confianza en Dios, pero al poco tiempo, como consecuencia de las pruebas que enfrentan, comienzan a dudar que Dios cumplirá lo que les ha prometido. Tener preguntas no es necesariamente lo mismo que dudar. Cuando tenemos preguntas sobre algo es porque deseamos aumentar nuestro conocimiento, o queremos comprender lo que hemos escuchado del Señor. Pero cuando dudamos, dependemos de lo que vemos, escuchamos o sentimos, en vez de confiar en la Palabra de Dios. Es normal que tengamos preguntas o que dudemos al enfrentar problemas y dificultades. Nuestro Padre celestial comprende nuestras necesidades


 y desea que acudamos a su presencia con nuestro dolor y confusión. Y espera que dediquemos tiempo a orar, escuchar su voz y meditar en lo que nos dice. En ocasiones, el Señor fortalece nuestra fe al recordarnos su Verdad o la manera en la que nos bendijo en el pasado, mientras vivíamos un evento similar. ¿Por qué dudamos? Sin importar el tiempo que llevamos en los caminos del Señor, hay situaciones que pueden hacer flaquear nuestra fe. n Por circunstancias que contradicen el razonamiento humano. Un buen ejemplo de esto fue la ocasión en la que Pedro caminó sobre las aguas. Tenía confianza al comenzar, pero apenas dejó de mirar a Jesús y puso sus ojos en las grandes olas que lo rodeaban, su razonamiento humano controló su mente y su fe flaqueó. Somos semejantes a Pedro cuando hacemos aquello que nuestro razonamiento nos indica, a pesar de que sabemos lo que Dios ha dicho al respecto. Por ejemplo, pareciera que al dar una parte de nuestro salario al Señor, no tendremos lo que necesitamos. Pero Jesús nos dice: “Dad, y se os dará” (Lc 6.38). Cada vez que nos dejemos guiar por nuestra lógica, perderemos bendiciones de Dios. n Por permitir que nuestros sentimientos dobleguen nuestra fe. Si el Señor nos llama para hacer algo que parece imposible, podemos estar convencidos de que nos capacitará para realizarlo. Sin embargo, si dudamos de sus promesas como consecuencia de nuestros temores, nos perderemos la oportunidad de obedecerlo. Contamos con el poder sobrenatural de Dios, pues el Espíritu Santo mora en nosotros; solo nos pide que le obedezcamos. No hemos sido llamados a vivir con temor, sino a vivir por fe



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